Hacer ciencia mirando hacia adentro, en lugar de afuera

La comunidad científica, como tal, no tiene incidencia en las políticas económicas y sociales. La comunidad científica se ocupa de la ciencia y si hay cuestiones de interés científico relacionadas con las políticas, la comunidad científica puede tener una postura al respecto y a los científicos como individuos les concierne, pero no hay actos de la comunidad como tal” (Noam Chomsky, 22 de noviembre de 2017).

Del 24 al 27 de octubre asistí a la Reunión Anual Norteamericana de Investigación sobre Murciélagos (NASBR 2018, por sus siglas en inglés). Este congreso se hace en México cada 10 años, por lo tanto, no quise perder la oportunidad de presentar un meta-análisis del efecto del consumo de semillas por murciélagos sobre su germinación. Mi ponencia tuvo buena audiencia, preguntas y eco en las redes sociales.

 

A pesar de que esto podría dejar tranquilo a cualquier científico, a mí no. Sentí que los estudios presentados en este congreso seguían siendo muy parecidos a los que se expusieron en México hace 10 años y sobre todo, muy distantes de las relaciones entre murciélagos y humanos. Las pocas pláticas de ecología de murciélagos y su relación con actividades humanas venían de científicos mexicanos. Esto me llamó mucho la atención, sobre todo por la creencia de que los colegas de Estados Unidos suelen estar a la vanguardia en los temas científicos de muchas áreas. Temas clásicos de Ecología como diferenciación de nicho son un claro ejemplo. En el congreso se abordó este tema con técnicas modernas como genómica o ecomorfología y aproximaciones experimentales muy elegantes usando impresión de modelos (dummies) en 3D. Sin embargo, la co-producción del conocimiento científico, la cual se caracteriza por vincular la investigación científica con las necesidades de algún sector de la población, sólo fue abordada por investigadores mexicanos.

 

Esto me hizo preguntar: ¿La ciencia en México está cada vez más preocupada por la vinculación con las actividades humanas? ¿Es éste el preámbulo del cambio que se viene en los próximos años en la política científica mexicana?  

 

Estas ideas se refuerzan al leer la entrada del blog “Dynamic Ecology” publicado ayer, titulado “Los artículos de ecología más citados publicados en los últimos 10 años, y por qué pensar en ellos me molesta un poco”. En él, Jeremy Fox hace un listado de los temas que tratan los artículos más citados en los últimos 10 años en Ecología. Muchos de ellos hablan sobre el cambio global, técnicas estadísticas populares, microbiología y servicios ecosistémicos. Temas que ví muy poco en el NASBR 2018.

Esto me lleva a pensar que quizás los científicos mexicanos, poco a poco estamos adaptándonos a lo que en un futuro se pedirá de nosotros, hacer ciencia con impacto social. Ésta en el mejor de los casos se tendrá que co-producir con los ciudadanos, lo cual terminaría negando lo que decía Chomsky el año pasado “La comunidad científica, como tal, no tiene incidencia en las políticas económicas y sociales”. Mientras que por otro lado, nos llevará a re-inventarnos y a aprender a conectarnos con las necesidades ambientales y ecológicas urgentes de la sociedad.


Romeo A. Saldaña-Vázquez @RomeoSaldana

 

 

Crisis ambiental: la urgencia de la reflexión epistemológica

Hoy tenemos el gusto de compartir la contribución de Gabriela Pérez-Castresana*


La crisis ambiental contemporánea es la mayor amenaza que afecta a la humanidad en toda su historia. El problema es enorme y complejo por lo que es urgente incrementar su comprensión a fin de posibilitar la emergencia de alternativas de aminoración. La problemática ambiental es una evidencia de la necesidad de un cambio en nuestros enfoques, modos de actuar y nivel de conciencia. Es tiempo de reflexión y cambio; de cuestionar con más fuerza la racionalidad de la modernidad, de criticar los modelos o fundamentos que sustentan nuestras investigaciones, reconocer nuestros obstáculos epistemológicos como científicos y lograr una visión del mundo más acorde con su funcionamiento cotidiano.

El pensamiento mecanicista de la naturaleza aún sigue predominando; también las concepciones ingenuas y simplistas en torno a la ciencia, así como la pretensión de comprender al mundo a través de la investigación disciplinar. La naturaleza se sigue concibiendo como una máquina que puede ser descompuesta en un conjunto de piezas para conocerla y conquistarla por la metodología científica, percibiéndose separada del hombre. La ciencia se sigue observando como cierta, más allá de toda duda, y la visión del mundo es dominada por una única lógica, unidimensional y reduccionista que cierra las probabilidades de aumentar el saber y los conocimientos. En gran medida nos encontramos ante un problema de dimensión epistemológica.

Si reflexionamos sobre el conocimiento que actualmente poseemos nos daríamos cuenta que este sería diferente si hubiéramos vivido en otra época. Cada orden civilizatorio o estructura histórico-social establece su propia racionalidad, es decir, un modo de pensar y conocer que le es específico. Las respuestas a las preguntas que se plantea un ser humano están condicionadas entonces por dicha racionalidad, y las distintas formas en las que ésta se manifiesta son los paradigmas, los cuales pueden concebirse como un modelo de acción para la búsqueda de conocimiento. Los paradigmas muestran la diversidad de las formas de conocer de una época y cada uno de ellos constituye un modo común fuera del cual no es posible conocer. Es por lo tanto fundamental distinguir la naturaleza relativa de todo paradigma y tener claro que a través de éste no se obtiene una descripción exacta de la realidad.

La imposibilidad de respuesta ante los desafíos sin precedentes de este mundo problematizado, manifiesta la necesidad de concebir un nuevo modo de pensar, partiendo de nuevos conceptos básicos, axiomas, etc., que posibiliten la construcción de un conocimiento más interconectado con la realidad y la vida misma. Se ha pretendido mediante el paradigma científico tradicional (empírico analítico) incluir bajo un único método a todo saber, aplicando leyes generales para las explicaciones. Sin embargo, éste se ha demostrado totalmente incapaz para explicar una estructura de alto nivel de complejidad como son los hechos humanos en los que no se presenta una simple yuxtaposición de elementos. Dicho paradigma tiene una lógica que lo hace inadecuado para comprender la complejidad de los problemas socio-ambientales, pues constituye una inteligencia parcelada y mecanicista, que fracciona los problemas, y separa lo que está unido, unidimensionalizando lo multidimensional, y haciéndolo incapaz de entender la naturaleza de los procesos más típicamente humanos mediante la técnicas o métodos emergidos en el paradigma.

Mujer y camaleón de Martín La SpinaUrge entonces ampliar la mirada de lo que se considera realidad a fin de aumentar el rango de acción sobre el que es posible generar un cambio en beneficio de la humanidad y del planeta. Se necesita propender por un paradigma que le apunte al distanciamiento de la división, de la reducción, de la unidimensionalización, e incorpore la conjunción, implicación y multidimensionalización, así como la visión transdiciplinaria como recurso indispensable, pues ésta está presente en todos los fenómenos del universo, y aunque el ser humano trata de aislar algunas variables de esa realidad que le rodea y de su propia realidad psicológica, a través de la modelación como recurso del pensamiento teórico del más alto nivel de generalización, no escapa a ella.

Los científicos tenemos una gran responsabilidad en esta misión, sin embargo el aporte será limitado si no nos detenemos a repensar y a cuestionar nuestros enfoques, métodos,  y en general el paradigma en el que está sustentado la vía por la cual obtenemos los conocimientos y su validación. Es tiempo de profundizar en aspectos epistemológicos para lograr el avance, combatiendo las conductas dogmáticas que obstaculizan el proceso de creatividad científica, y con esta, la posibilidad del surgimiento de alternativas ante los múltiples problemas ambientales.

Referencias bibliográficas:

Cazau, P. 1996. El obstáculo epistemológico. Argentina. Obtenido el 2-06-2005. Disponible en  http://www.galeon.com./pcazau/artep_obst.htm

Diesbach, N. 2005. Hacia un nuevo paradigma. Revolución del pensamiento del siglo XXI. UNAM. México. Pp. 3-57.

Kunh, T. 1971. La estructura de las revoluciones científicas. Breviarios 213 Fondo de Cultura Económica.

Leff, E. 2006. Aventuras de la epistemología ambiental: de la articulación de ciencias al diálogo de saberes. SIGLO XXI EDITORES. México. Disponible en: http://www.ceapedi.com.ar/imagenes/biblioteca/libros/299.pdf.

Nicolescu, B. 1998. La Transdiciplinariedad, Manifiesto. Ediciones Du Rocher.

Padrón, J. 2007. Tendencias epistemológicas de la investigación científica en el siglo XXI Cinta de Moebio 28: 1-28. Disponible en: http://www.moebio.uchile.cl/28/padron.html

** Imagen tomada de Martín La Spina (Argentino) http://www.martinlaspina.com.ar/


Gabriela Pérez Castresana, de nacionalidad venezolana, cursó sus estudios de licenciatura (biología) y maestría (Ecología) en la Universidad Central de Venezuela. En su país de origen formó parte del cuerpo académico de Ecología en la Universidad de Oriente durante 8 años, y del grupo de investigación de EDIMAR-Fundación La Salle. Actualmente se encuentra culminando sus estudios doctorales en Ciencias Ambientales, en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Es especialista en Ecología de Ecosistemas Acuáticos. Actualmente se encuentra trabajando en la problemática socioambiental del río Atoyac, considerando en su análisis, aspectos de la filosofía ambiental. perezcastresana@yahoo.es 

 

 

La escalera femenina de la ciencia

Hoy compartimos un post invitado de la Dra. Adriana Lizzette Luna Nieves*.

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Es imborrable el gesto del médico cuando lo revisó por primera vez, era algo así como el de alguien que ve un fantasma. Cuando vio ese rostro desencajado, algo dentro de ella se rompió. Ese doctor, llamó a otra doctora con quien compartió miradas cómplices. La segunda doctora llamó a un tercer doctor y lo más que atinaron a decirle fue que era necesario hacerlo un estudio a su hijo. Ella no preguntó más, para ese momento ya tenía taquicardia, le sudaban las manos y estaba medio mareada. Mientras le hacían el estudio vio otra vez esos gestos en los especialistas. Buenas tardes, soy la doctora tal, parece ser que su hijo tiene cáncer en el ojo en una etapa muy avanzada. Le dieron papeles e instrucciones para que de inmediato fuera al hospital tal, a la unidad de oncología, para su atención inmediata. Agarró los papeles, salió de la salita, dejó a su bebé de un año sentado en una sillita y corrió al pasillo de al lado. No pudo dar un paso más y cayó en llanto en el suelo. Regresó por su niño, tratando de ser ella. Manejó lo más rápido posible mientras decía por favor no, por favor no. Los recibieron en el hospital, donde cuatro doctores lo volvieron a revisar haciendo los mismos gestos que le congelaban el alma. Le dieron más hojitas y más instrucciones. El diagnóstico inicial fue cáncer en el ojo, pero faltaba hacerle biopsias, resonancias y otros estudios. Los resultados tardaron tres semanas. La relatividad del tiempo sí existe. Pensó. No había cáncer, se trataba de una enfermedad clasificada como rara que se presenta en un niño, dentro de un millón. Durante el primer año después de su diagnóstico, sometieron a su hijo a ocho cirugías y a diversos tratamientos médicos que estará obligado a continuar por el resto de su vida para controlar su condición.Leer más »

La enseñanza activa en Ecología: mi primer intento

En 2016 tuve la oportunidad de asistir a un taller sobre enseñanza activa organizado por la “Network of Conservation Educators and Practitioners” del Centro para Biodiversidad y Conservación (CBC) del Museo Americano de Historia Natural. Debo confesar que cuando envié mi solicitud estaba un poco más emocionada por la posibilidad de conocer algo de Nueva York que por aprender de enseñanza activa. Sin embargo, al final resultó ser una experiencia académicamente enriquecedora y sobretodo, muy útil para lo que llegaría un año y medio después a mi vida profesional: mi primera experiencia como docente en una licenciatura. Había sido ayudante de asignatura en el doctorado e instructora en talleres durante el postdoc, pero nunca había asumido la responsabilidad de planear un curso completo de licenciatura. Lo aprendido sobre enseñanza activa en aquel taller me sirvió para reflexionar sobre el tipo de enseñanza que quería aplicar en mis clases y me ayudó a diseñar ese primer curso.Leer más »

Crónica de una tragedia anunciada

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Hace unos dos mil años ocurrió la que hoy en día es considerada una de las peores tragedias para el conocimiento y avance de la humanidad. La destrucción de la Biblioteca de Alejandría trajo consigo la pérdida de miles de textos y una cantidad de conocimiento hoy en día desconocida. La noche del domingo 2 de septiembre de este año se presentó el incendio del Museo Nacional de Río (Brasil) que devoró material invaluable e irremplazable de 200 años de trabajo institucional y el conocimiento contenido en los mismos. No vale la pena volver a enumerar otra vez las pérdidas, eso solo hará remover el dolor de los que lo sentimos mientras que aburrirá a aquellos que no les importan este tipo de noticias.Leer más »

Cuando la Ecología conoció la innovación tecnológica

El acto de innovar implica crear o mejorar algo ya existente, en cualquiera de los dos casos el fin último de la innovación es resolver un problema o solventar una necesidad. Desde la invención de la rueda, la bombilla incandescente, el teléfono móvil, hasta el desarrollo del Internet; la innovación tecnológica –y su impacto económico– es lo que define el rumbo de las sociedades y en gran medida da sentido al mundo tal como lo conocemos. Vivimos rodeados de tecnología y, todas estas innovaciones o invenciones se han logrado gracias a la ardua labor de investigadores que están enfocados en el desarrollo tecnológico; como tal, su trabajo es investigar para innovar.Leer más »

LA ECOLOGÍA Y LOS SISTEMAS SOCIO-ECOLÓGICOS: Cuando el vínculo humano-naturaleza entra en escena

La ecología ha ido evolucionando en la inclusión del ser humano en sus estudios de los patrones y procesos que explican las interrelaciones entre los seres vivos con el entorno. Especialmente, desde el impulso de la visión sistémica por Eugene Odum el ambiente tomó relevancia junto a la ecología de ecosistemas. En esta visión sistémica los seres humanos somos incorporados como un organismo más en el ambiente. Si bien fue preponderante el rol de los humanos como factor externo o impulsor de los cambios en los ecosistemas, estas ideas han ido to mando diferentes formas con la incorporación de las ciencias sociales en el estudio de los ecosistemas y en la definición de los problemas ambientales. En particular, en el campo del manejo de los ecosistemas y laconservación de la biodiversidad.
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De la obsolescencia del método científico y la ciencia normal crónica en Ecología

Desde muy temprana edad se nos introduce al método científico en la escuela, se trata de una serie de pasos que inician con la observación y planteamiento de una pregunta, para después generar una hipótesis y un diseño para ponerla a prueba y finalmente, hacer algún tipo de generalización. Esencialmente se trata de un proceso hipotético-deductivo que, a decir de varios de mis profesores, es una de las mayores fortalezas de la investigación científica. Sin embargo, en esta entrada discutiré cómo, en la práctica, el método científico tiene una aplicabilidad limitada y no garantiza un avance real en las ciencias que lo utilizan. Empezaré por confesar que las situaciones en las que aplico el método científico con mayor frecuencia es en la vida diaria mientras que, paradójicamente, algunas veces parece ser una herramienta poco útil en mi quehacer como ecólogo. Leer más »

El uso de los sentidos en la práctica y educación en Ecología

Los sentidos son clave para el entendimiento del entorno del ser humano. Un sentido puede definirse como el mecanismo fisiológico asociado al cerebro humano que nos permite entender y percibir el entorno (Bradford 2017). Los sentidos del ser humano son: el tacto, la vista, la escucha, el olfato y el gusto. Si bien estos sentidos son útiles en nuestra vida cotidiana, al parecer la ciencia, y en específico la ecología con el paso del tiempo han ido reduciendo su uso. Ejemplo de ello es la cada vez más clara reducción en la formación de taxónomos. Un taxónomo es un experto en la clasificación e identificación de seres vivos y especies (Hopkins y Freckleton 2002). El taxónomo utiliza, principalmente, los caracteres morfológicos externos de los seres vivos, para lo cual tiene que tener una sentido de la vista muy desarrollado, y una capacidad alta para la identificación de patrones.Leer más »

El continuum de los sexos

Aprender en qué se diferencian los sexos parece sólo un tema más de la educación escolar básica. A mí me recuerda la imagen del filme “Un detective en el kínder” y a Arnold Schwarzenegger sorprendido por la irreverencia de un niño que se levanta para decir en tono muy serio y sereno: “los niños tienen un pene y las niñas una vagina”. Esa imagen me provocaba risa cuando décadas atrás veía la película (mil veces repetida) en la televisión. Y sí, admito que aún hoy, me la provoca. ¿Por qué nos provoca risa ese pequeño personaje? ¿Y por qué el llamado “bus de la libertad” que tenía la misma leyenda de penes y vaginas no nos provocó risa a detractores ni a partidarios? Quizás porque la primera escena nos lleva a algunos a nuestra crianza, donde el pene y la vagina nunca se llamaron así. Se llamaban pilín, pajarito o cosita. En la edad de kínder, pocos supimos que esos órganos se llamaban pene y vagina. Por eso, oírlo decir de un niño en voz alta, por supuesto que da risa. En cambio, el bus que recorrió las calles de Santiago hace un año llegaba con subtítulos científicamente falsos y en un momento donde el ingreso de la misma Ley de Identidad de Género al Congreso chileno, nos tenía a todos, adultos, adolescentes y niños, conmocionados.Leer más »