¿Existe la Ecología neoliberal?

El pasado 23 de abril, como parte de la conferencia vespertina sobre la epidemia de COVID-19 que ofrecen las autoridades sanitarias de México, hizo acto de presencia la directora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT), la Dra. Elena Álvarez-Buylla, para hablar del desarrollo de un ventilador “100% mexicano” y de otras estrategias en las que el sector de ciencia y tecnología de México contribuye en el marco de la epidemia actual. La Dra. Álvarez-Buylla, además de presentar los avances en este importante desarrollo, aprovechó la oportunidad para expresar su opinión sobre la estrategia en términos de ciencia y tecnología heredada de anteriores administraciones, las cuales tuvieron una clara orientación más conservadora y ciertamente, fuertemente influenciada por el neoliberalismo. No es mi interés debatir la perspectiva de la Dra. Álvarez-Buylla al respecto, de hecho, la crítica a la anterior administración y la necesidad de un cambio los considero legítimos, en términos generales.

El asunto que capturó mi atención y en el que quiero enfocar esta entrada, es el hecho de haber adjetivado como neoliberal a la ciencia que se practicó por administraciones anteriores en mi país. Aunque este asunto también ha sido tratado de forma crítica por varios periodistas, el ejercicio que haré en esta entrada será diferente; partiré del supuesto que existe una ciencia neoliberal y trataré entonces de inferir que es la ciencia neoliberal. Para evitar hablar en abstracto y posicionarme en un terreno conocido, me limitaré a hablar de un campo específico de la ciencia: la Ecología. De hecho, Elena Álvarez-Buylla es una destacada bióloga, por lo que tengo la seguridad que, cuando se refirió a ciencia neoliberal, consideró que esto aplicaba plenamente a la ciencia de la Ecología.

Empezaré con lo más básico: las definiciones. Si existe un “neo”liberalismo, éste debió haber tenido como antecedente un liberalismo a secas. El liberalismo se refiere a un modelo económico cuyas bases fueron sentadas por Adam Smith en 1776 quien básicamente se planteaba la reducción de la intervención del Estado en los aspectos económicos, mientras que el rumbo de la economía se definiría por el libre mercado. El “neo” se le agregó después de que este modelo se reinstalara como el modelo económico dominante en el mundo tras algunas interrupciones en algunos países como Estados Unidos. En Economía, el neoliberalismo se refiere a “liberarse” de la influencia del Estado. Sin embargo, cuando este adjetivo es transportado a otros contextos, su significado puede ser otro, inclusive, puede significar exactamente lo contrario. Por ejemplo, en la política, liberalismo es el antónimo de conservadurismo. El político liberal es aquel que desafía a la derecha, el que tiene un pensamiento de avanzada y es partidario de una política económica con un fuerte énfasis en lo social. Aunque parezca paradójico, un gobierno liberal difícilmente es compatible con una economía con el mismo adjetivo: la economía neoliberal. Este es el nudo del asunto que traigo acá ¿Qué pasa cuando el adjetivo “(neo)liberal” se importa a una disciplina científica como la Ecología? ¿Adquiere un nuevo sentido? o ¿Aplican las mismas propiedades del modelo económico? Sospecho que no fue la intención de la Dra. Álvarez-Buylla darle un nuevo uso al término ya que, si fuese el caso, lo hubiera definido. Por lo que asumiré que es una extrapolación del neo-liberalismo económico a los terrenos de la ciencia.

A continuación, enlistaré las principales características del modelo neoliberal e, inmediatamente, trataré de identificar cómo la Ecología podría tener esas mismas propiedades. Bajo la premisa de que, si se puede detectar un paralelismo entre la Economía y la Ecología en la mayoría de estas propiedades, el adjetivo “neoliberal” podría importarse a la Ecología con el mismo sentido que se aplica al modelo económico.

1.- Libre mercado. Para poder equiparar Economía con Ecología, es necesario encontrar un producto y por lo tanto, un mercado que paga por ese producto. Para el caso de la Ecología básica, el producto es el conocimiento, mismo que se materializa en publicaciones científicas y otros medios de difusión que son consumidos por otros ecólogos, algunos tomadores de decisiones y la sociedad en general que, simplemente, desean saber cómo funciona la naturaleza. Ahora, para que sea un mercado libre, la intervención del estado tendría que ser mínima o nula. En este sentido diríamos que la Ecología podría tener una propiedad parcial de libre mercado porque siendo una actividad financiada por el Estado, su influencia está presente. Sin embargo, el Estado suele desligarse de los productos. Es decir, dota de autonomía al gremio de ecólogos para que ellos determinen el rumbo de sus investigaciones.

2.- Reducción en el gasto social. Si existiera una Ecología neoliberal, los ecólogos tenderíamos a orientar nuestros productos para maximizar el impacto medido en número de lectores o citas y, para el caso de la Ecología aplicada, los beneficios ambientales o socioambientales. Para mí es difícil pensar que existe algún tipo de conocimiento que no tenga impacto social y es un asunto sobre el cual ya he elaborado anteriormente. Sin embargo, tal vez si nos referimos a necesidades inmediatas de las sociedades locales, ahí se podría encontrar un poco de convergencia con el neoliberalismo económico. Ciertamente, los ecólogos estamos más seducidos por los descubrimientos novedosos y con aplicación universal que por generar una ciencia para atender problemáticas regionales.

3.- Desregulación. El equivalente que puedo encontrar en Ecología, es la autonomía. Es decir, que es la misma comunidad de ecólogos quien decide qué es relevante y qué no. Esta es una propiedad característica de nuestra disciplina y que se considera ampliamente deseable.

4.- Privatización. La privatización sucede cuando el Estado se desliga de una actividad y cede su financiamiento, manejo y beneficios de dicha actividad al sector privado. En el caso de México la contribución del sector privado a la ciencia de la Ecología es sumamente escaso. De hecho, durante la conferencia referida al inicio del texto, la directora de Conacyt mostró evidencia de un comportamiento contrario: El estado financiaba algunas actividades de corte tecnológico en las empresas privadas. Definitivamente, la privatización no es una propiedad que aplique a la Ecología, al menos no en México. 

5. Ausencia de un bien público. Si el principal producto que generamos los Ecólogos básicos son publicaciones, ordenamientos y otros materiales de consulta, los productos son fundamentalmente bienes públicos. Obviamente, qué tan accesibles son, dependerá de la vía de distribución. Claramente, un producto de libre acceso en múltiples idiomas o con un idioma con gran número de hablantes, es más público que otros. Sin embargo, el conocimiento universal tarde o temprano llegará a ser un bien público. Es decir, cuando el conocimiento se consolida, se suele integrar a los libros de texto con un lenguaje tal que es comprensible para estudiantes de diferentes niveles educativos. Ejemplo de ellos son la teoría de la evolución, las cadenas alimenticias o la dinámica poblacional, los cuales fueron aspectos desarrollados por ecólogos y después interpretados y puestos en un lenguaje adecuado por los educadores, eso mismo se espera que suceda con el conocimiento ecológico que estamos generando en este momento. Algunas áreas de la Ecología como la biorremediación o el control biológico podrían generar patentes que si bien sería lo contrario a un bien público, si los desarrolladores pertenecen a una institución pública, está será la que obtendría las regalías.   

En conclusión, la Ecología como ciencia podría tener cierta analogía con el neo-liberalismo económico pero sólo parcialmente. Características como desregulación parecen ser completamente comunes entre la ecología y la economía neoliberal, mientras que el libre mercado y la reducción del gasto social parecen sólo aplicar bajo consideraciones particulares. Otras propiedades como la privatización y la ausencia de un bien público son claramente incompatibles con la Ecología básica. Entonces, regresando a la pregunta inicial de si existe una Ecología neoliberal, tendríamos que contestar con la respuesta más frecuente de los ecólogos: “pues, depende…”. Es decir, no se puede importar sin ambigüedad o sin un contexto particular.

Sería provechoso extender la discusión y analizar a profundidad si ser una ciencia neoliberal es intrínsecamente negativo o positivo. Propiedades como la desregulación o la participación del sector privado, son características de la economía neoliberal que, aplicadas a la ciencia,  a mi parecer, confieren más ventajas que desventajas. Tal vez Elena Álvarez-Buylla, simplemente usó el término “ciencia neoliberal” para referirse a un periodo de tiempo i.e. la ciencia que se generó durante el periodo en que predominó el neoliberalismo económico. Si este es el caso, la discusión sobre el tema es tan inútil como irrelevante, ya que en este sentido la ciencia neoliberal sería una manera errónea de circunscribir temporalmente a la ciencia de los últimos sexenios, equivalente a expresar que existió una ciencia del porfiriato o de cualquier otra época. 

*Edición: Angela A. Camargo Sanabria

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s