La locura de organizar un Simposio de Mujeres

El año pasado, durante la conmemoración internacional de la mujer, se me ocurrió la inocente idea de preguntarle a mis colegas cómo percibían la participación de las mujeres en mi campo de conocimiento (Herpetología). Nunca imaginé lo que podría desatar dicha pregunta. Mientras unos investigadores insistían que las condiciones eran totalmente equitativas, otros comentaban que sí había cierta disparidad. En medio de la discusión, unas colegas se me acercaron y me invitaron a ayudarlas a organizar el primer Simposio Colombiano de Mujeres en la Ciencia que finalmente se realizó en el marco del V Congreso Colombiano de Zoología (VCCZ). En esta entrada les compartiré un poco lo que representó para mí esta vivencia.

Realmente me siento afortunada de participar en un evento así. Para empezar nunca había organizado un simposio, y enfrentarme a todo el reto que esto implica fue muy enriquecedor. Lo primero fue proponer el tema a los organizadores del VCCZ. Teníamos que integrar este simposio en el marco de un congreso enfocado principalmente en proyectos de investigación en un gremio concreto (zoología). Debíamos demostrar que ese congreso era adecuado para un tema de interés tan general.

Una vez nos aceptaron el simposio, el siguiente reto consistía en conseguir ponentes con disposición para hablar en un evento así sobre un tema tan controversial, sobre todo considerando el impacto social que tiene exponerse como un crítico a la cultura actual. A medida que pasaba el tiempo e íbamos tocando puertas, empezamos a recibir mucho apoyo de investigadoras dispuestas a prestarnos su voz y contar su historia. Es muy reconfortante saber que realmente hay personas que desde sus posiciones un poco más estables comparten nuestras preocupaciones y que también están dispuestas a dar la cara en apoyo a estas iniciativas.

Aquí quisiera hacer un paréntesis sobre la ausencia de hombres como ponentes. Gracias al trabajo que estuvimos realizando este año conocimos algunos colegas que realmente han demostrado mucho interés en el tema y en el evento, pero dadas algunas condiciones ajenas no pudieron asistir, lo que se tradujo en que todos nuestros ponentes fueran mujeres.

Reconozco que no nos movimos lo suficiente para conseguir recursos para poder apoyar económicamente a las ponentes y es algo que debemos seguir mejorando para futuros eventos. Aunque algunas de ellas estaban interesadas en participar en las demás actividades del congreso, otras pertenecían a gremios ajenos a la zoología (física, matemáticas, estadística) y claramente no estaban interesadas en pagar una inscripción a un congreso que no era del campo de ellas. En ese sentido, fue muy grato que los organizadores del VCCZ nos ayudaran cubriendo la inscripción de esas ponentes.

A la par que coordinábamos con las ponentes y recibíamos resúmenes, empezamos la dinámica de dar a conocer el simposio. Necesitábamos de una imagen con la que la gente empezara a identificarnos y para ello acudimos a la ilustradora Valentina Nieto quien transformó nuestras ideas en un hermoso póster que sigue siendo la imagen de nuestra iniciativa. Por otro lado, la divulgación de la iniciativa en redes sociales (Facebook, Twitter) tuvo muy buenos resultados, desde donde incluso nos contactaron algunos medios para cubrir y promocionar el evento. El impacto de estos espacios hoy en día es increíble.

¿El resultado? Más impresionante aún. Catorce excelentes ponencias que fueron presentadas en el transcurso de la tarde, en uno de los auditorios más grandes del centro de convenciones de Bogotá. Logramos reunir más de 450 asistentes en el auditorio y otro tanto siguió la transmisión en línea del evento dentro y fuera de Colombia. Pudimos explorar los temas que repercuten en la baja presencia de mujeres en ciencia como los estereotipos de género, discriminación, auto-invalidación, el papel de la maternidad, y también se expusieron algunas iniciativas actuales con las que se promueve una mayor inclusión de las mujeres en STEM.

La respuesta de la gente que nos ha agradecido por abrir un espacio así y que han visto en nosotras un apoyo ha sido una motivación para continuar trabajando en esta línea. Incluso el hecho de ser tildadas de “feminazis” por otros investigadores por querer exponer con datos y experiencias la realidad de las mujeres en las ciencias refleja que el problema no es ajeno a nuestra realidad y hay que seguir trabajando en ello. Debo destacar que el trabajo en colectivo nos permitió en gran medida lograr lo que alcanzamos. Ahora nos hemos puesto en contacto con otras personas y entidades para ver cómo podemos desde nuestro espacio poner un granito de arena para reducir la brecha de género en la ciencia.

PD 1: A modo personal, este trabajo representó totalmente un nuevo reto. Era la primera vez que trabajaba con las demás organizadoras y para colmo, estábamos en países diferentes. Fue todo un desafío tener que simultáneamente conocer las estrategias de trabajo de gente totalmente nueva y a la par definir un plan relativamente novedoso a nivel nacional.

PD 2: Realmente quiero agradecerle a María Isabel Herrera Montes por permitirme participar en esto, y a María Isabel Moreno por darnos todo el apoyo desde la organización del VCCZ para llevar a cabo este evento.

La escalera femenina de la ciencia

Hoy compartimos un post invitado de la Dra. Adriana Lizzette Luna Nieves*.

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Es imborrable el gesto del médico cuando lo revisó por primera vez, era algo así como el de alguien que ve un fantasma. Cuando vio ese rostro desencajado, algo dentro de ella se rompió. Ese doctor, llamó a otra doctora con quien compartió miradas cómplices. La segunda doctora llamó a un tercer doctor y lo más que atinaron a decirle fue que era necesario hacerlo un estudio a su hijo. Ella no preguntó más, para ese momento ya tenía taquicardia, le sudaban las manos y estaba medio mareada. Mientras le hacían el estudio vio otra vez esos gestos en los especialistas. Buenas tardes, soy la doctora tal, parece ser que su hijo tiene cáncer en el ojo en una etapa muy avanzada. Le dieron papeles e instrucciones para que de inmediato fuera al hospital tal, a la unidad de oncología, para su atención inmediata. Agarró los papeles, salió de la salita, dejó a su bebé de un año sentado en una sillita y corrió al pasillo de al lado. No pudo dar un paso más y cayó en llanto en el suelo. Regresó por su niño, tratando de ser ella. Manejó lo más rápido posible mientras decía por favor no, por favor no. Los recibieron en el hospital, donde cuatro doctores lo volvieron a revisar haciendo los mismos gestos que le congelaban el alma. Le dieron más hojitas y más instrucciones. El diagnóstico inicial fue cáncer en el ojo, pero faltaba hacerle biopsias, resonancias y otros estudios. Los resultados tardaron tres semanas. La relatividad del tiempo sí existe. Pensó. No había cáncer, se trataba de una enfermedad clasificada como rara que se presenta en un niño, dentro de un millón. Durante el primer año después de su diagnóstico, sometieron a su hijo a ocho cirugías y a diversos tratamientos médicos que estará obligado a continuar por el resto de su vida para controlar su condición.Leer más »

El continuum de los sexos

Aprender en qué se diferencian los sexos parece sólo un tema más de la educación escolar básica. A mí me recuerda la imagen del filme “Un detective en el kínder” y a Arnold Schwarzenegger sorprendido por la irreverencia de un niño que se levanta para decir en tono muy serio y sereno: “los niños tienen un pene y las niñas una vagina”. Esa imagen me provocaba risa cuando décadas atrás veía la película (mil veces repetida) en la televisión. Y sí, admito que aún hoy, me la provoca. ¿Por qué nos provoca risa ese pequeño personaje? ¿Y por qué el llamado “bus de la libertad” que tenía la misma leyenda de penes y vaginas no nos provocó risa a detractores ni a partidarios? Quizás porque la primera escena nos lleva a algunos a nuestra crianza, donde el pene y la vagina nunca se llamaron así. Se llamaban pilín, pajarito o cosita. En la edad de kínder, pocos supimos que esos órganos se llamaban pene y vagina. Por eso, oírlo decir de un niño en voz alta, por supuesto que da risa. En cambio, el bus que recorrió las calles de Santiago hace un año llegaba con subtítulos científicamente falsos y en un momento donde el ingreso de la misma Ley de Identidad de Género al Congreso chileno, nos tenía a todos, adultos, adolescentes y niños, conmocionados.Leer más »