La escalera femenina de la ciencia

Hoy compartimos un post invitado de la Dra. Adriana Lizzette Luna Nieves*.

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Es imborrable el gesto del médico cuando lo revisó por primera vez, era algo así como el de alguien que ve un fantasma. Cuando vio ese rostro desencajado, algo dentro de ella se rompió. Ese doctor, llamó a otra doctora con quien compartió miradas cómplices. La segunda doctora llamó a un tercer doctor y lo más que atinaron a decirle fue que era necesario hacerlo un estudio a su hijo. Ella no preguntó más, para ese momento ya tenía taquicardia, le sudaban las manos y estaba medio mareada. Mientras le hacían el estudio vio otra vez esos gestos en los especialistas. Buenas tardes, soy la doctora tal, parece ser que su hijo tiene cáncer en el ojo en una etapa muy avanzada. Le dieron papeles e instrucciones para que de inmediato fuera al hospital tal, a la unidad de oncología, para su atención inmediata. Agarró los papeles, salió de la salita, dejó a su bebé de un año sentado en una sillita y corrió al pasillo de al lado. No pudo dar un paso más y cayó en llanto en el suelo. Regresó por su niño, tratando de ser ella. Manejó lo más rápido posible mientras decía por favor no, por favor no. Los recibieron en el hospital, donde cuatro doctores lo volvieron a revisar haciendo los mismos gestos que le congelaban el alma. Le dieron más hojitas y más instrucciones. El diagnóstico inicial fue cáncer en el ojo, pero faltaba hacerle biopsias, resonancias y otros estudios. Los resultados tardaron tres semanas. La relatividad del tiempo sí existe. Pensó. No había cáncer, se trataba de una enfermedad clasificada como rara que se presenta en un niño, dentro de un millón. Durante el primer año después de su diagnóstico, sometieron a su hijo a ocho cirugías y a diversos tratamientos médicos que estará obligado a continuar por el resto de su vida para controlar su condición.

En ese entonces ella tenía 30 años de edad. Era estudiante de doctorado en la Universidad Nacional Autónoma de México y cursaba el quinto semestre en el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (Morelia). Los hospitales de alta especialidad se hallaban en la Ciudad de México, razón por la cual tuvo que mudarse de manera permanente. ¿Y ahora? pensó. Si suspendía sus estudios dejaría de percibir la beca de la cual dependía completamente. Pero si seguía, fallaría en cada evaluación. Tomó la difícil decisión de darse de baja temporalmente. Después de seis meses de vivir “la nueva vida” retomó las actividades del doctorado fuera de su campus original de adscripción. No es posible contar todo lo que debió pasar no sólo para lograr terminar el doctorado, sino además para lograrlo en el tiempo y forma que estipula el posgrado.

mother¡Lo logró! ¡Lo lograron! ¡Terminó! Además, conseguiría solicitar un estímulo económico que ofrece el posgrado por haber terminado a tiempo. ¡Lo merecen! Son otros tres meses de beca. Con el acta de examen en mano fue a la coordinación a solicitar el estímulo. No, Dra. Luna, la solicitud no procede porque no fue una alumna regular. ¿Cómo? Pero… Explicó el caso particular al jefe del posgrado y al coordinador general de estudios de posgrados de la Universidad, a la defensoría de los derechos universitarios y tocó las puertas de la comisión de equidad de género de la Universidad. En cada instancia la misma respuesta: para dicho estímulo, las reglas de operación de la convocatoria establecen que sólo los alumnos regulares pueden ser acreedores. Es verdad, según las reglas, la baja temporal por un semestre excluye de la excelencia, del estímulo económico y de la mención honorífica.

La doctora Luna soy yo. Durante varios meses después de que me dieron ese dictamen estuve dándole vueltas al asunto. Nunca antes en mi carrera académica me había sentido en desventaja por ser mujer, por ser mamá. Aunque después de que nació mi hijo tuve que pasar por retos distintos a los que pasan todos los que no son mamás, siempre había pensado que las barreras para poder acceder a ciertos grados académicos, eran meramente intelectuales y no un ejemplo de discriminación de género. Todos los días me levantaba con la firme convicción de que alcanzaría mis objetivos si seguía haciendo lo que me correspondía. Pero después de esa experiencia me pregunté: ¿y si en serio no puedo? ¿Y si no puedo publicar lo que me exigen? ¿Y si no puedo encontrar un trabajo que sea sensible a mi situación, no sólo de mamá, sino de mamá con necesidades de tiempo especiales?

El hecho de que las reglas académicas sean idénticas para los hombres y las mujeres, en definitiva, no es un reflejo de equidad, sino de que las Universidades están siendo verdaderamente ciegas a la cultura en la que están insertas. Como mujeres, tener hijos es una decisión que sin duda afecta el rumbo de nuestro desempeño académico, sobre todo por el tiempo que tendremos que dedicar a la crianza. Aunque en la Constitución y las leyes tengamos los mismos derechos que los hombres, en la práctica siempre se sobreentiende que somos nosotras quienes nos haremos cargo del cuidado familiar. ¿Cuántas veces han escuchado a un hombre con un dilema sobre decidir entre su vida académica o su vida familiar? Es una cuestión cultural, sí, pero no por ello un factor que debe ignorarse.

De acuerdo con un estudio realizado en México en el año 2015, hay muchas menos mujeres investigadoras en México que hombres. Esta tendencia es clara si se revisa el padrón del Sistema Nacional de Investigadores. El 33% está compuesto por mujeres y el resto son varones. Además, se observa que a medida que se asciende en los niveles del SNI, disminuye el número de mujeres, pues sólo el 20% de los investigadores SNI III, la máxima categoría, son mujeres (Cárdenas-Tapia, 2015). Este patrón se explica, en gran medida, por el hecho de que cuando las mujeres comienzan a ejercer su maternidad, son menos capaces de cumplir con todas las demandas laborales que el sistema les exige debido a los obstáculos intrínsecos de la crianza (Morán-Breña, 2008).

ladderAlgo sigue fallando en el sistema, porque aunque se están haciendo serios esfuerzos por atender la situación de inequidad de las mujeres, aún hoy en día seguimos siendo penalizadas por ser madres, y se nos obliga a ascender por escaleras diferentes para llegar lejos. ¿Esquemas alternativos en los sistemas de evaluación? ¿Comisiones de evaluación de casos particulares? ¿Consideración de tiempos más extensos para cumplir con las metas estipuladas? La respuesta no es sencilla. Aunque mi caso como madre en la ciencia podría sonar a un caso aislado, no es un problema individual. Las mujeres, todas, seguimos enfrentándonos a múltiples obstáculos estructurales, sociales y culturales cotidianamente. No me rindo. Actualmente realizo una estancia posdoctoral y sigo pensando que la investigación es lo que quiero. ¿Ustedes qué propondrían para sensibilizar al sistema científico de con estos temas? Me gustaría saber su opinión adriana.lunan@gmail.com.

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Agradezco profundamente los valiosos comentarios de Isela Cruz Trejo (experta en equidad de género) quién me hizo entender esta experiencia desde otra perspectiva. Su guía y orientación fueron esenciales para escribir este ensayo. Así mismo, agradezco a Fernando Beltrán Nieves (escritor audaz e ingenioso) quien revisó y mejoró este texto sustancialmente.

Referencias

Cárdenas-Tapia, Magali. (2015) La participación de las mujeres investigadoras en México. Investigación administrativa, 116: 64-80.

Morán-Breña, Carmen. (2008) Obligadas a elegir: trabajo o hijos. Ediciones el país S.L.

*Adriana Lizzette Luna Nieves. Soy bióloga, estudié la maestría y el doctorado en el Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad, de la UNAM. Actualmente realizo una estancia post-doctoral en el Laboratorio de Ecología y Diversidad Vegetal, de la Facultad de Ciencias, UNAM. Mi interés académico siempre se ha centrado en el estudio de los procesos ecológicos y sociales involucrados en el manejo de los recursos forestales, con el fin de promover nuevos enfoques que permitan conservarlos, e impulsar el desarrollo socioeconómico de las comunidades rurales que dependen de ellos. Tengo especial interés en el análisis de los patrones fenológicos y sus causas ecológicas, así como la reproducción, propagación y manejo de semillas de especies nativas de bosques tropicales secos. Además, estoy interesada en la divulgación científica, la crianza post-moderna, la natación, el baile, y el buen cine.

9 comentarios en “La escalera femenina de la ciencia

  1. Al cursar la maestría en ciencias de enfermería en la UG mi hermana presento un schok séptico por múltiples litos en vesícula (mas de 100) me vi en la necesidad de estar con ella durante el largo proceso hospitalario y los gastos, que provoco no cumplir con el trabajo de investigación en tiempo y forma a pesar de insistir ante mis maestras no, se considero esta situación, tan grave como para que no permitiera llevar a cabo el trabajo por lo que fui dada de baja y perder la beca que temia, sin embargo se le permitió a otras personas con una simple infección que no ponía en riesgo su vida y que no completo tampoco el trabajo de investigación terminar la maestría;me retire a solo 9 meses de concluirla, con los años reinicie la Maestría en Administracion de los Servicios de Salud la cual page con muchos sacrificios no solo para en mi sino además para mi hija ya que ella cursaba también una doble licenciatura, además a pesar de esto realice un doctorado en ciencias de la alta dirección. Curse la Lic. En Enfermeria asi como la Lic.en Pedagogia
    Fui docente de la Escuela Normal Superior en la Especialidad de Historia así como de biología. Orientadora educativa a nivel medio superior. subjefa de enseñanza Capacitación e investigación en un Hospital de Alta Especialidad

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    • Gracias Concepción por compartir tu experiencia. Es un buen punto el que tocas, la academia a veces no sólo es “insensible” con los padres (hombres o mujeres) sino con los que tienen q hacerse cargo de otras personas, ya sea familiares enfermos o padres en edad avanzada. Definitivamente necesitamos un sistema más humano.

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  2. Excelente artículo Adriana, no podrías haber descrito mejor la situación de las mujeres como científicas. Comparto la idea de que se debe de legislar mejor para ampliar la sensibilidad y la flexibilidad de la normatividad tanto académica como laboral para las mujeres y porque no también para los hombres. La maternidad no debe ser un obstáculo o situación que te haga escoger entre tu parte profesional y tu parte personal, por lo tanto deberíamos de dirigirnos a buscar mecanismos que armonicen estas dos facetas. Debo agregar que en muchos casos son las mismas mujeres que se encuentran en cargos directivos las que deberían de impulsar éstos mecanismos, sobretodo para ir labrando el camino para las demás. En mi caso tuve a mi bebé durante la estancia posdoctoral lo cual me dio la oportunidad de cuidarlo y a menudo trabajar desde casa, con un horario flexible. Sin embargo al obtener una plaza se vuelve más difícil, pues se cumple con un horario y eso implica dejar a nuestros hijos en guarderías al menos la mayor parte del día. Sin opción a salir más temprano por ellos. En el caso de que se enferme mi hijo tengo que faltar a laborar, priorizando la salud de mi hijo pero exponiéndome a perder la plaza. En el caso de mi esposo el no puede faltar a trabajar ni de broma, porque socialmente es mal visto que falten por cuestiones personales. En fin, ojalá pronto exista un cambio social y cultural que beneficie no solo a las mujeres como madres sino a los padres y por ende a los hijos.
    Gracias por compartir tu caso Lizette y recuerda que no estás sola en esa situación.

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  3. Y tampoco se ha dicho en efecto, que entramos en el dilema de ser o no madres, y muchas de las mujeres que estamos en el Sistema Nacional de Investigadoras, tomamos la dificil decisión de no serlo.

    El el grupo con el que trabajo, de los 24 investigadores, 4 somos mujeres entre los 38 y mas de 40 y ninguna decidió ser madre.

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  4. Me encantó el artículo, una muestra de lo que se vive cotidianamente, no sólo en el ámbito académico-científico, en todo el campo laboral es lo mismo. Tengo una licenciatura en turismo mis horarios de trabajo son de 8 a 8 y podría ser más. Un bebé de 2 años y un sentimiento interno constante que me obliga a preguntarme si estoy haciendo lo correcto en pasar tanto tiempo fuera cumpliendo mis sueños profesionales o acudir al llamado intenso de estar cerca de mi cría. Enojada con un sistema y una sociedad que olvida que no hay mayor inversión para la familia y sociedad que cuidar y amar a las próximas generaciones de forma consciente y presente. Que el trabajo continúa cuando llegas a casa, un trabajo que debería ser valorado y exaltado.
    Las jornadas reducidas, horarios especiales y tiempos adecuados no deberían de ser un privilegio sino un derecho.

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    • Gracias por tu comentario Sonia. Coincido en tu opinión sobre la importancia que se le debería dar al cuidado de los más pequeños. Eso cambiaría la perspectiva con la que se ve la labor parental hoy en día. Saludos.

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