Debemos conectarnos más con nuestros Benjamines

En el famoso libro “La rebelión en la granja” de George Orwell se reflejan muchas de las situaciones que vivimos en las sociedades. Gran parte de la atención se dirige en personajes como el cerdo Napoleón reflejando los gobernantes que sólo velan por si mismos o el caballo Boxer (Boxeador o Campeón según la traducción) como la clase obrera golpeada. A medida que avanzan los acontecimientos vemos la decadencia del sistema, pero hay un personaje que lo ve todo, lo sabe todo, pero se queda como simple observador. Este personaje es el burro Benjamín. Este animal representa el gremio académico, aquellos que tienen el conocimiento para anticiparse a los eventos pero por su pasividad, poco impacto tienen en el desarrollo de los acontecimientos.

En la realidad, este estoicismo de esos Benjamines no viene de gratis. A lo largo de la historia hemos visto el temor de la sociedad a lo nuevo, lo desconocido, aquello difícil de comprender y se señala con recelo a aquellos que deciden dar un paso adelante a ese abismo desconocido. Las consecuencias de eso han sido terribles tanto para los Benjamines como para la humanidad en general. Solo basta recordar la muerte de Galileo y las cacerías de brujas para ver las consecuencias de este más que recelo a aquellos que dedican sus vidas a ir más allá de los límites del conocimiento humano. Tal vez en estas épocas la cacería de brujas no es tan dramática como en antaño, pero para nadie es ajena la caricaturización del científico loco, encerrado en su laboratorio o en su biblioteca, inmerso en sus experimentos, aparentemente ajeno a la realidad que lo rodea. 

Pero a pesar del estereotipo con el que vivimos, la ciencia es hermosa e inspiradora. Hace parte de nuestra curiosidad innata. El papel del científico de ciencia básica es tan necesario como lo son otras profesiones en el avance de la sociedad aunque tantas veces es poco valorado. El científico debe realmente sentir gusto en su vocación y se enorgullece al pensar que su trabajo es resolver preguntas de ciertos temas y de los que puede hacer aportes, participando así en el avance de la ciencia.

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El asunto es que justamente aquel experto al que la sociedad mira con recelo es el que ha dedicado su tiempo a entender algunas cosas más que otros y nos puede permitir como colectivo anticiparnos y resolver algunos de los problemas a los que nos enfrentamos. Entonces, ¿qué hacemos si esas voces no son escuchadas? pues ahí tenemos las consecuencias… 

11,000 scientists sign declaration of climate emergency | CBC News
“Toda película de desastres empieza con un científico siendo ignorado” durante la marcha por la ciencia en Toronto (2019)

Lo vimos a principios de año con la crisis de los incendios en Australia, como un abrebocas de lo que sería este año y lo vemos en estos momentos con la crisis de la Covid-19. El mundo entero está sufriendo las consecuencias de la transformación descontrolada del uso de suelo y de la extracción indiscriminada de la fauna silvestre, creando un efecto bola de nieve que los Benjamines sabían que podría ocurrir en cualquier momento si no se tomaban medidas al respecto. El problema viene de doble vía. Por una parte los científicos son ignorados por los tomadores de decisiones y por otro, los mismos científicos tienen gran recelo de integrarse con los gestores y administradores. En la granja animal, Benjamin elige ignorar la política, pero cuando finalmente trata de actuar y salvar a su mejor amigo, Boxer, ya no hay nada que pueda hacer.

En este articulo del 2018, los autores alertan que “Aunque la transmisión directa de los Coronavirus de los murciélagos a los humanos no se ha evidenciado todavía, la creación de condiciones para encuentros más frecuentes entre los CoV de los murciélagos, los animales domésticos y los humanos supone una importante amenaza para el futuro.”

La solución es bastante obvia: debemos poner la evidencia por encima de las opiniones. Pero si los científicos siguen interactuando solo entre cientificos, en un lenguaje técnico dificil de comprender para los no especialistas, todos seguiremos pagando un alto precio. Debemos acercar la ciencia a la ciudadanía para que deje de ser ese ente extraño que vive en las universidades e institutos y pase a ser ese amigo que da buen consejo y ¿por qué no? buenos datos curiosos que a muchos nos llaman la atención de vez en cuando. Aunque la solución es clara, llegar a ella no ha sido fácil. Algunos pasos se han dado por los divulgadores de la ciencia pero como todo cambio social, requiere un esfuerzo enorme y de un trabajo a largo plazo.

Solo si Benjamín se lograra vincular más con el resto de los animales y ellos a su vez realmente reconocieran la importancia de su conocimiento, habría forma de cambiar el rumbo de la granja.

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Cómo los ecólogos podríamos contribuir al entendimiento del SARS-CoV-2 y otras pandemias

Yo, y seguramente muchos otros ecólogos del mundo, titubeamos cuando se trata de opinar de la pandemia en curso de COVID-19 y el comportamiento general del virus SARS-CoV-2. Con el objetivo de entender lo que está ocurriendo me he dado a la tarea de revisar los datos crudos de incidencia, graficarlos de distintas maneras, así como leer las interpretaciones de mis colegas epidemiólogos. En las últimas semanas, sitios como worldometer se han vuelto uno de mis favoritos particularmente por permitirme estratificar los datos por distintos factores geográficos y demográficos, así como por darme acceso a datos crudos y diferentes representaciones gráficas. A pesar de no haber tenido un acercamiento a la epidemiología durante mi formación es posible para mí, como ecólogo, identificar funciones matemáticas y patrones en la evolución temporal de la actual pandemia. De entrada, es difícil no sentir envidia por cómo los modelos clásicos de crecimiento poblacional tienen un mejor ajuste para la pandemia que para mis propios datos. Como ecólogo vegetal, rara vez obtengo un ajuste mayor al 60%, mientras que prácticamente todos los valores observados de los datos epidemiológicos caen dentro del ajuste del modelo o dentro de un intervalo de confianza del 90%. A continuación y como primer ejercicio, realizaré un análisis somero de las funciones matemáticas a las que me refiero que describen los datos de la pandemia de COVID-19.

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El gran valor de las pequeñas acciones…

Hace unos meses, el divulgador de la ciencia, ambientalista y espeleólogo Robert Rojo (https://www.facebook.com/roberto.rojo.31) publicó en su cuenta de Facebook sobre el atropellamiento y muerte de un bello ejemplar de la iguana Ctenesaura similis macho; semanas más tarde, también publicó cómo fue salvada una serpiente Och-Can (Boa constrictor imperator) de las garras de una carretera en Playa del Carmen. Gratamente, los comentarios de las personas en general fueron de indignación por el caso de la iguana; “nos estamos quedando solos” era una de las frases que se podían leer. La buena suerte de la boa también era celebrada y compartida por los cibernautas. 

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En tiempos de crisis climática ¿se persigue o ignora a los especialistas?

En los últimos años la tendencia a disminuir los fondos dedicados al desarrollo de la ciencia y la divulgación científica ha afectado a muchos países, tanto de los llamados desarrollados como subdesarrollados. Esa disminución ha ido acompañada de campañas orientadas a desprestigiar y ridiculizar a los investigadores, sus temas de investigación y el costo que representan sus salidas del país por labores de investigación. Entre estos, los casos de Argentina y México llaman la atención porque, aunque ambos se colocan en senderos políticos opuestos, han coincidido en justificar estos recortes en ciencia en la necesidad de destinar mayores recursos a sus programas sociales urgentes.

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EcoLatino: primer año en retrospectiva

EcoLatino ha cumplido su primer año y quisiera utilizar esta entrada para reflexionar sobre lo que hemos hecho como equipo hasta ahora desde su lanzamiento y sobre lo que ha significado para mí la actividad del blogging.

Empezando por estadísticas aportadas por el sitio WordPress encontramos que el tráfico de EcoLatino tiene un comportamiento bastante constante. Cada vez que publicamos una entrada, que religiosamente hemos tratado de cumplir, con una frecuencia quincenal, el número de visitas aumenta significativamente durante el primer día y luego disminuye. En general, hemos tenido un promedio de 667 visitantes únicos por mes (82 – 4556). Un número bastante variable que aún así presenta una tendencia a la alza en los últimos meses. También, poco a poco hemos construido una audiencia en Twitter y Facebook, además de las personas que se han suscrito a nuestro blog y que quincenalmente reciben notificaciones cuando publicamos una nueva entrada.

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Colaborando como micorriza

Esta es una entrada de nuestra invitada, la Dra. Margarita Carrillo.

Mi tema favorito son las micorrizas*, las personas que me conocen, saben que siempre de alguna u otra forma esa palabra sale en mis conversaciones. Pero, ¿qué es una micorriza? Las micorrizas son asociaciones simbióticas entre algunos hongos del suelo y las raíces de las plantas, es decir, a través de esta unión ambos se benefician de vivir juntos. Lo más bonito de estas asociaciones es que cada organismo aporta algo al otro de lo cual se benefician.Leer más »