De los vicios de la academia

Recuerdo mucho en uno de mis cursos de la carrera una sesión de discusión de artículos en la que se terminó hablando de lo que realmente se espera del científico en la academia. Esa fue la primera vez que mis compañeros y yo escuchábamos la máxima famosa en círculos académicos que predica: publica o perece (“Publish or Perish”).

Durante esa tarde el profesor nos planteó el escenario del investigador que, en lugar de realizar exploraciones científicas en lugares poco conocidos, trabajaba desde un modesto escritorio con un computador que cuidaba más que a su vida. Desde que se levantaba hasta que se acostaba sólo hacía una cosa: escribir. No debe parar de escribir nunca, porque en el momento que se detenga habrá algún otro investigador con mayor rendimiento y ese será al que contraten o al que le aprueben el presupuesto para investigación. Ese realmente se sintió como un balde de agua fría para muchos de los que estábamos en esa clase.

Bajo la dinámica actual de la academia, un investigador competitivo es aquel que publica frecuentemente artículos (preferiblemente como primer autor) en revistas de alto impacto. El factor de impacto de una revista es estimado en función del número de veces que los artículos publicados han sido citados a lo largo de un año. Aunque hay otros elementos que son considerados, como la divulgación de resultados en eventos académicos, la dirección de proyectos de grado y la labor docente, la publicación de artículos científicos sigue teniendo el peso más alto en los sistemas de evaluación. Este criterio es más o menos uniforme entre instituciones, lo que permite que un investigador pueda mantener los mismos objetivos de producción independiente de la institución a la que desee ingresar.

Un problema muy grande en este modus operandi es que, para poder publicar en esas revistas de alto impacto y así poder mantener el rendimiento exigido, los investigadores no sólo deben contar con presupuesto para obtener y procesar sus datos para responder preguntas que sean llamativas para las revistas. También deben considerar presupuesto para 1) acceder a la información publicada en el campo de conocimiento y 2) pagar a la revista por los servicios editoriales y de almacenamiento conocidos como “Article Publication Charges” o APC. En un escenario utópico, estos dos cobros deberían ser mínimos o nulos, pero nuestra realidad es totalmente opuesta.

Para el acceso a la bibliografía como investigador independiente, algunas revistas no cobran a los lectores por el acceso a sus artículos, pero las revistas de grandes editoriales pueden llegar a solicitar un pago por el acceso a un único artículo incluso sólo de manera temporal. Mientras tanto, las instituciones pagan para que sus estudiantes e investigadores puedan acceder desde sus redes a los artículos depositados en grandes bases de datos. Web of Science y Scopus son algunas de las bases de datos de revistas científicas más difundidas sobre diferentes campos científicos que se utilizan con frecuencia para la búsqueda bibliográfica. Los precios para acceder a estas bases de datos varían en función del tamaño de las instituciones y pueden ser de 20.000 a 120.000 dólares anuales.

Un par de ejemplos de los cobros para acceder a artículos que uno mismo escribió…

Para el caso de los APC, los autores tienen dos opciones: hacer el pago mínimo requerido por la revista, de modo que el artículo queda restringido sólo a aquellos que puedan acceder a él por los medios posibles mencionados anteriormente, o pagar el monto definido por la revista para que su trabajo sea de libre acceso para todo el mundo (Open Access). Esta última opción sería la ideal considerando que el objetivo final de la ciencias es generar y transmitir conocimiento, sobre todo ahora que estamos en un momento de la historia en que se valora la libertad de la información. Pero esta opción puede llegar a ser considerablemente costosa para los autores (entre 550 y 5200 dólares sin contar impuestos). Supongo que muchos al igual que yo piensan cuánta investigación se podría financiar con el costo de publicar un artículo Open Access. Es frustrante pensar que hay que gastar todo ese dinero tan solo para que otros investigadores, independiente de la institución a la que pertenezcan, puedan acceder al conocimiento producido (más aún cuando dicha investigación es producida por instituciones con fondos del erario).

Los investigadores que ya están vinculados a instituciones grandes con presupuesto suficiente tienen menos problemas al momento de acceder a la literatura, publicar en estas revistas y así seguir siendo competitivos en este gremio. Sin embargo, aquellos investigadores independientes o que pertenecen a instituciones pequeñas (sobre todo en países donde los recursos para investigación científica son más limitados) tendrán muchas dificultades tanto en la obtención de literatura como en la publicación en revistas especializadas de alto impacto. Esto tiene graves consecuencias al momento de la evaluación y difícilmente podrán ser tan competitivos como los primeros.

Estamos atrapados entre el sistema de evaluación y los costos de publicación en donde los principales beneficiados son las grandes editoriales que se lucran por lado y lado. A todo esto se le puede sumar el hecho que las revistas en su proceso de evaluación cuentan con la colaboración de investigadores que se encargan de revisar los artículos sin ningún tipo de retribución económica. Inclusive en muchos casos los editores científicos de las revistas también hacen su trabajo de manera voluntaria.

Cada gremio tiene sus reglas intrínsecas de juego. Todo aquel que quiera hacer parte de cierto sistema debe entender cómo funciona. Si no está conforme con las reglas de juego es libre de buscar otro espacio en el que se sienta más cómodo. Aquellos científicos que a pesar de conocer los vicios de este sistema decidimos seguir en el juego debemos enfrentarnos a estas reglas para seguir siendo parte del mismo. Sin embargo, considero que en este momento las circunstancias ameritan una reevaluación de dichas reglas.

Han surgido ciertas estrategias individuales para enfrentar algunas de estas circunstancias. La publicación de los artículos en el formato pre-impresión (pre-print) no rompe los convenios a los que los autores llegan con las revistas, aunque en general estas versiones son un poco más incómodas de leer. Dado que muchas veces los investigadores carecen de presupuesto suficiente para pagar por cada artículo que consultan, tienden a obtenerlos de fuentes alternativas como por ejemplo ResearchGate, Academia.edu, solicitarlos a los autores por correo, o más recientemente a través de Sci-Hub. La fundadora de Sci-Hub, Alexandra Elbakyan, ha sido una piedra en el zapato para las editoriales y al mismo tiempo ha permitido que más personas puedan acceder al conocimiento.

En Alemania, más de 150 bibliotecas, universidades e institutos de investigación se unieron para boicotear a algunas editoriales (en particular Elsevier) dejando de someter artículos a sus revistas y rechazando el servir como revisores. Con esto buscan forzar a que las editoriales (en particular Elsevier) reciban un único pago que cubra los APC de todos los artículos cuyos primeros autores pertenezcan a instituciones alemanas. Esos artículos estarían disponibles gratuitamente para todo el mundo mientras que las instituciones alemanas tendrían acceso a todos los contenidos.

Frente al sistema de evaluación tan dependiente de las publicaciones en revistas de alto impacto, el cambio que se necesita puede ser un poco más complejo de conseguir de lo que pensamos. No necesariamente un artículo altamente citado o uno publicado en revistas de mayor impacto corresponde a un producto de alta calidad. La producción puede variar mucho incluso dentro de un subcampo de conocimiento y la producción de artículos en revistas especializadas no puede ser la única forma de transmisión de dicho conocimiento. Darle un menor peso a la producción de artículos y promover una diversificación en el tipo de resultados esperados puede hacer que los investigadores sean menos presionados por el “publish or perish” y por el contrario, sean más proactivos en la divulgación y transmisión del conocimiento. Pero esto sólo podría ser eficiente si dicho cambio se aplica en la mayoría de las instituciones.

En esta entrada traté de plantear lo que para mi es el problema central del sistema actual de la academia. Los investigadores nos vemos tan presionados por el modelo de evaluación que en muchos casos tiene graves consecuencias en el tipo de conocimiento que se genera y trae mayor beneficio a las editoriales que a los investigadores mismos.

Referencias:

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