¿Cómo llamamos a las especies?

La primera parte del conocimiento es obtener los nombres correctos. Proverbio chino

Se ha estimado que existen aproximadamente 8.7 millones (±1.3 millones) de especies hoy en día, de las cuales solo 1.7 a 1.9 (dependiendo de la fuente) han sido descritas hasta la fecha. Describir y nombrar a cada una de ellas es una tarea titánica. Considerando que la especie es la unidad central de todo tipo de investigaciones como aquellas relacionadas con diversidad, ecología, conservación, el trabajo en taxonomía y sistemática es un primer paso indispensable y a veces poco reconocido.

s41559-017-0103-f1Proporción de especies descritas (verde) y especies no descritas estimadas (negro) en diferentes grupos taxonómicos. El tamaño de cada gráfico circular es proporcional al número total de especies estimadas. Fuente: Nature.

El Código de Nomenclatura Zoológica (IZCN por sus siglas en inglés) tiene algunas normas que los científicos deben seguir al nombrar una especie. Por ejemplo, siempre debe ser una combinación de dos nombres (un binomio), siendo el primero el nombre genérico que permite introducir al organismo al sistema jerárquico de clasificación, y el segundo el nombre específico; debe ser un adjetivo latino o latinizado; el epíteto debe respetar el género gramatical del… bueno, del género y el primer nombre otorgado a un organismo tiene prioridad frente a los demás nombres propuestos para dicha especie. Con esas normas establecidas es que los científicos pueden jugar al momento de nombrar una nueva especie.

Seguro muchos se han preguntado de dónde vienen los nombres científicos de las especies y algunos habremos notado que hay algunas tendencias por parte de los autores al momento de decidir los nombres de las nuevas especies, tendencias que en algunos casos son convenientes dadas las circunstancias y otras que, al menos en mi parecer, nos complican un poco la existencia a los demás.

  • Los nombres que describen algún atributo (físico, ecológico, de comportamiento) de la especie.

Estos nombres son los que personalmente me parecen más útiles a largo plazo. Al momento de ver la especie puedes hacer una relación directa con su nombre (Tangara nigroviridis, Gastrotheca cornuta, Pyrocephalus rubinus, Tachycineta albilinea). Para los que incluimos esas especies en nuestros trabajos es muy práctico. Cabe aclarar que estos nombres sólo pueden ser diagnósticos cuando tienes atributos fácilmente reconocibles y dada la creciente descripción de especies crípticas que carecen de dichos caracteres, es claro que los autores no siempre pueden usar esta estrategia.

  • Los nombres relacionados con la distribución de la especie.

En estos casos hay nombres asociados a regiones políticas (ej. Dendropsophus columbianus), a regiones biogeográficas (Espadarana andina) o a la localidad tipo (Exerodonta chimalapa). Al igual que los nombres de atributos físicos, estos nombres también tienen su utilidad para los demás investigadores. Desafortunadamente, estas descripciones no siempre son precisas. Un ejemplo es el del turpial maicero (Gymnomystax mexicanus) cuya distribución no está ni cerca de México. De hecho se encuentra en bosques tropicales de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Surinam. Así que no es totalmente seguro confiarse sólo del nombre.

gymnoFoto: Paolo Costa Baldi. Licencia: GFDL/CC-BY-SA 3.0
  • Los nombres como homenaje a alguna persona.

Este es un escenario muy común. En general se nombran especies “en honor a” un investigador que el autor considera que ha hecho un gran aporte en su campo de conocimiento. Sólo por poner unos ejemplos, 12 especies han sido nombradas en honor a David Attenborough, más de 300 especies de nueve géneros y algunos taxa superiores han recibido el nombre por Darwin. Aunque ser un investigador reconocido no es requisito para tener una especie a su nombre. ¿Qué le parece de regalo nombrar una especie como su madre? Es perfectamente posible. La costumbre de otorgarle el nombre a alguien a veces tiene sus complicaciones. A veces el querer incluir el nombre completo de la persona y latinizarlo no siempre resulta en palabras fáciles de escribir o pronunciables. Por ejemplo, existe una rana mexicana, endémica de la Sierra Madre del Sur en Oaxaca y Guerrero, cuyo nombre es Ptychohyla leonhardschultzei. No más imagínese a los herpetólogos mexicanos luchando por pronunciar ese nombre. Me disculpará el señor Schultze, pero si esos nombres no están bien estructurados, a mí me parecen muy poco prácticos.

  • Los nombres subastados.

Una estrategia que han seguido algunos investigadores es la de hacer subastas de goldenpalacecom_monkey_ash_grey_tshirtnombres, sobre todo para organismos carismáticos. El comprador puede elegir el nombre de una especie con el beneficio de que dicho nombre quedará a perpetuidad. Y las cifras son bastante considerables. En una subasta de nombres de siete murciélagos, cada uno costó por lo menos 250.000 dólares. El casino GoldenPalace.com decidió pagar 650.000 dólares para que una nueva especie de mono tuviera su nombre (Callicebus aureipalatii), y recientemente en una subasta en Nueva York se ofrecieron los nombres de cinco especies de serpientes ecuatorianas. Afortunadamente con ese dinero se compró y salvó el terreno donde viven algunas de estas especies. ¿Ya se les ocurren algunas ideas para financiar sus investigaciones? A mí sí.

  • Nombres asociados con literatura, cine y música.

Cuando las nuevas especies no pertenecen a grupos tan carismáticos, a veces estos hallazgos no son tan interesantes para el público en general. Una forma de llamar la atención es nombrar dichas especies como personajes de la cultura popular.

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De estos casos hay muchísimos ejemplos como Scaptia beyonceae (un tábano australiano), Agra schwarzeneggeri (un escarabajo), Aleiodes shakirae (una avispa), Cirolana mercuryi (un crustáceo), Baicalellia daftpunka (un platelminto) o la hormiga Sericomyrmex radioheadi. Esta última recientemente nombrada por Ana Ješovnik y Ted R. Schultz como la reconocida banda Radio Head como un “reconocimiento a sus esfuerzos constantes en el activismo ambiental, especialmente en la concientización sobre el cambio climático, y en honor a su música, que es un excelente compañero durante largas horas en el microscopio mientras se realizan revisiones taxonómicas de las hormigas”.

El investigador Juan J. Morrone, investigador de la Facultad de Ciencias de la UNAM, decidió que era buena idea nombrar unos gorgojos como algunos de los personajes de la obra de J.R.R. Tolkien: Macrostyphlus frodo, M. gandalf y M. bilbo. Incluso otros autores han ido mucho más allá. Es el caso de Karl-Johan Hedqvist quien incluso otorgó 15 géneros a varios personajes y razas del universo de Tolkien (Balinia, Balrogia, Beornia, Bofuria, Bomburia, Durinia, Dvalinia, Entia, Gildoria, Gimlia, Gollumiella, Legolasia, Nazgullia, Oinia y Smeagolia).

  • Los nombres relacionados con temas coyunturales.

Finalmente, una forma de llamar la atención no sólo del descubrimiento de una especie sino de una problemática actual es hacer que el nombre coincida con algunas consignas de importancia para los autores. Estos casos son menos frecuentes pero vale la pena mencionarlos. Por ejemplo en Panamá descubrieron una culebra y la llamaron Sibon noalamina cuyo nombre se deriva de la exclamación ‘no a la mina’. Esta afirmación es utilizada por las comunidades indígenas Ngöbe de la Serranía de Tabasará en el curso de sus protestas contra los intereses mineros que buscan explotar su territorio. El nombre es un reconocimiento y apoyo a la lucha de los ngöbe por proteger su territorio y su medio ambiente, que es el hogar de dicha especie. Por otro lado, en Colombia aprovecharon la aparición de una nueva especie de rana venenosa Andinobates victimatus para llamar la atención sobre las víctimas de la violencia en la región del Urabá (donde fue encontrada esta especie), la cual ha sido azotada históricamente por los conflictos armados de Colombia dejando, como dicen los autores “un rastro virtualmente incontable de víctimas inocentes”.

Lo reconozco. El trabajo en sistemática y taxonomía se me hace muy pesado. La escritura de esos manuscritos, a veces gigantes, en los que detallan cada aspecto de las especies, es sin duda un trabajo arduo. Lastimosamente a veces los mismos autores consideran su trabajo banal en comparación con otro tipo de investigación. Ya he escuchado más de una vez a taxónomos que se quejan de que “sólo describen especies”. Tal vez en parte esta sensación se da por el poco reconocimiento que recibe esta tarea. Agregar algunos nombres a unas listas interminables es un tipo de investigación distinta a la clásica hipotético-deductiva. De hecho, obtener financiación para este tipo de estudios es más difícil que para otro tipo de proyectos directamente relacionados con temas de conservación o cambio climático.

En ocasiones es difícil dar a entender que los taxónomos construyen el marco que nos permite entender y documentar las especies y manejar nuestro conocimiento de ellas y este marco es esencial si queremos gestionar de forma sostenible la vida en la Tierra. Afortunadamente, el tema no ha dejado de ser llamativo y al contrario, gracias al uso de nuevas herramientas y nuevas aproximaciones como la taxonomía integrativa, la tasa de descripción de nuevas especies está incrementando. Yo soy de las primeras en brincar cuando se hacen cambios a las clasificaciones que con tanto esfuerzo me aprendí en la carrera, pero también celebro cada vez que se publican estos estudios.

Angy Mendoza @AngyMendozaH

Referencias

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Chapman, A. D. (2009). Numbers of Living Species in Australia and the World (2nd ed.). Canberra: Australian Biological Resources Study. pp. 1–80. ISBN 978 0 642 56861 8.

Ješovnik, A., & Schultz, T. R. (2017). Revision of the fungus-farming ant genus Sericomyrmex Mayr (Hymenoptera, Formicidae, Myrmicinae). ZooKeys, (670), 1.

Milicic D, Lucic, L & Pavkovic-Lucic S. (2011). How many Darwins? List of animal taxa named after Charles Darwin. Natura Montenegrina 10(4):515-532.

Marquez, R., Mejia-Vargas, D., Palacios-Rodriguez, P., Ramírez-Castañeda, V., & Amézquita, A. (2017). A new species of Andinobates (Anura: Dendrobatidae) from the Urabá region of Colombia. Zootaxa, 4290(3), 531-546.

Mora, C., Tittensor, D. P., Adl, S., Simpson, A. G., & Worm, B. (2011). How many species are there on Earth and in the ocean?. PLoS biology, 9(8), e1001127.

Morrone, J. J. (1994). Systematics, cladistics, and biogeography of the andean weevil genera Macrostyphlus, Adioristidius, Puranius, and Amathynetoides, new genus (Coleoptera, Curculionidae). American Museum novitates; no. 3104.

Phillips, H. R., Cameron, E. K., Ferlian, O., Türke, M., Winter, M., & Eisenhauer, N. (2017). Red list of a black box. Nature ecology & evolution1(4), 0103.

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