Cuando la Ecología conoció la innovación tecnológica

El acto de innovar implica crear o mejorar algo ya existente, en cualquiera de los dos casos el fin último de la innovación es resolver un problema o solventar una necesidad. Desde la invención de la rueda, la bombilla incandescente, el teléfono móvil, hasta el desarrollo del Internet; la innovación tecnológica –y su impacto económico– es lo que define el rumbo de las sociedades y en gran medida da sentido al mundo tal como lo conocemos. Vivimos rodeados de tecnología y, todas estas innovaciones o invenciones se han logrado gracias a la ardua labor de investigadores que están enfocados en el desarrollo tecnológico; como tal, su trabajo es investigar para innovar.

Los investigadores que trabajamos en el área de las ciencias puras –esas que buscan la comprensión cabal del universo– también investigamos para crear, pero lo que creamos es nuevo conocimiento para el beneficio de la sociedad. Podemos “inventar” un nuevo método o técnica para analizar de forma más eficaz y eficiente un fenómeno determinado, pero aunque esto pueda causar revuelo en la forma en que comprendemos el universo, difícilmente trascenderá en el ámbito de la propiedad intelectual. A partir de aquí intentaré convencerlos con mi propia experiencia de que esto no es una regla y siempre que el fin justifique el medio, los que nos dedicamos a investigación en las ciencias puras podemos desarrollar innovaciones tecnológicas, podemos innovar para investigar.

Los que hacemos investigaciones ecológicas estudiamos los procesos que afectan la distribución y abundancia de los organismos, sus interacciones y su relación con el ambiente. Dependiendo de la subdisciplina en que uno decida especializarse, debemos echar mano de diferentes herramientas que van desde el simple papel y lápiz hasta las supercomputadoras. Ya sea en condiciones de vida libre o en cautiverio, los ecólogos que estudiamos el comportamiento animal tenemos que asegurarnos de registrar adecuadamente la respuesta de cada individuo, de forma aislada o frente a otros y en respuesta a los estímulos que recibe del ambiente. Para lograr esto utilizamos distintas técnicas que nos aseguran la correcta medición de nuestras variables, algunas de éstas son simples y económicos registros de observación directa en campo, pero la situación se vuelve compleja y cara cuando el registro del comportamiento requiere de costosos equipos electrónicos.

Ante situaciones como esta tenemos opciones: 1) escribir una propuesta de financiamiento para el proyecto, esperar que sea aprobada, comprar el equipo y esperar a que llegue a tus manos, 2) ofrecer una colaboración a alguien solo porque tiene el equipo que necesitas, algo que te pone bajo las condiciones de esta persona, 3) crear tu propio sistema automatizado de medición de datos, y 4) la valiente, sabia y honorable decisión de hacer otra cosa. En mi caso, hubo las condiciones y sobre todo la guía para elegir la opción 3. Mi proyecto doctoral requiere colectar murciélagos en campo y someterlos en cautiverio a distintos tratamientos de luz artificial durante la noche, posteriormente con el registro diario de su actividad locomotora construyo actográmas a los que doy sentido cronobiológico y ecológico. Para lograr el registro de los datos teníamos dos opciones cuyo precio rondaba entre los $1,800.00-$5,000.00 USD ($34,200.00-$95,000.00 MXN). El compromiso estaba hecho, debía hacer ese experimento, y el desafío estaba planteado… no hay tal cantidad de dinero para ese experimento, entonces… ¿qué podía hacer?

Afortunadamente uno de mis asesores ya tenía experiencia en esto de transformar los problemas en oportunidades. Él me convenció de la idea de desarrollar nuestro propio sistema de registro de datos, así que planteamos nuestra situación y necesidades a otro grupo de investigadores del área de instrumentación electrónica. Fue así que después de $2,500.00 MXN ($131.60 USD) y un par de meses de armado del prototipo, procedí a correr las pruebas de tres sensores de movimiento, temperatura y luz, todo en un mismo sistema (ver imagen). Los datos obtenidos fueron de la mejor calidad, sin contratiempos y con una inversión mucho menor que los costos iniciales estimados. Finalmente el compromiso se cumplió y el desafío fue superado. Lo mejor de esta experiencia fue el aprendizaje y la colaboración exitosa entre disciplinas tan distintas, una perteneciente a las ciencias puras y otra a las aplicadas. La única limitante aquí es tu propia imaginación, no improvises, mejor analiza, plantea y resuelve innovando.

Imagen_ecolatinoGuillermo Vázquez-Domínguez

Facebook: Baloo Vázquez, Twitter: @g_vazquezd

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